sábado, 22 de agosto de 2015

RELACIONES ENTRE LOS BLANCOS Y LOS BUBIS - TERCERA PARTE




                                                                 


RELACIÓN ENTRE LOS BLANCOS Y LOS BUBIS- TERCERA PARTE

Comienzan aquellos años numerosas expediciones científicas, las de Pellón de 1860, La de Iradier, Osorio y Montes de Oca de 1884, la del marino español Sorela, y entre los extranjeros las del polaco Rogozinski y Janikowski en 1884, la del austriaco Oskar Baumman en 1886.  
Baumann que en su viaje va de Santa Isabel a San Carlos pasó por los poblados de Basupú, Basakato y Ehapa, encontrándolos desiertos porque los indígenas huían ante su presencia. Sal ir a San Carlos se encontró en Boloko y Loita con guerreros hostiles, pintados y armados con lanzas que no le permitieron la entrada a sus poblados.
Los padres de Concepción lograron granjearse la amistad de Moka, jefe supremo de los bubis, al que, visitaron por primera vez en 1887, y así el 17 de junio de 1888 se vieron sorprendidos los misioneros por una lucida comitiva, al frente de la cual iba un hijo del propio Moka y varios parientes, escoltados por unos 100 hombres de la “lohúa” armados de escopetas y lanzas , tocados con sus sombreros de gala y profusamente adornados. Tenía por objeto la embajada ofrecer a los Padres la protección de Moka por si eran molestados o atacados por alguno de los pueblos vecinos de la Misión: Kutari, Boloko, etc. Aunque advirtiéndoles que tampoco los habitantes de la Misión deberían molestar a sus vecinos, pues Moka los castigaría igualmente, ya que decía tener derecho a quitar la vida a los contraventores de sus mandatos.  A los pocos días el Botuku de Kutan, con su esposa e hijos y escoltado por 60 escopeteros acude también a saludar a los Padres Misioneros.
La cortés embajada fue retribuida con una visita, realizada el 24 de septiembre de 1888, por el padre superior de la Misión de Concepción al rey Moka en su residencia de Riabba, así como a su primer ministro Sas

Comienzan aquellos años numerosas expediciones científicas, las de Pellón de 1860, La de Iradier, Osorio y Montes de Oca de 1884, la del marino español Sorela, y entre los extranjeros las del polaco Rogozinski y Janikowski en 1884, la del austriaco Oskar Baumman en 1886. 
Baumann que en su viaje va de Santa Isabel a San Carlos pasó por los poblados de Basupú, Basakato y Ehapa, encontrándolos desiertos porque los indígenas huían ante su presencia. Sal ir a San Carlos se encontró en Boloko y Loita con guerreros hostiles, pintados y armados con lanzas que no le permitieron la entrada a sus poblados.
Los padres de Concepción lograron granjearse la amistad de Moka, jefe supremo de los bubis, al que, visitaron por primera vez en 1887, y así el 17 de junio de 1888 se vieron sorprendidos los misioneros por una lucida comitiva, al frente de la cual iba un hijo del propio Moka y varios parientes, escoltados por unos 100 hombres de la “lohúa” armados de escopetas y lanzas , tocados con sus sombreros de gala y profusamente adornados. Tenía por objeto la embajada ofrecer a los Padres la protección de Moka por si eran molestados o atacados por alguno de los pueblos vecinos de la Misión: Kutari, Boloko, etc. Aunque advirtiéndoles que tampoco los habitantes de la Misión deberían molestar a sus vecinos, pues Moka los castigaría igualmente, ya que decía tener derecho a quitar la vida a los contraventores de sus mandatos.  A los pocos días el Botuku de Kutan, con su esposa e hijos y escoltado por 60 escopeteros acude también a saludar a los Padres Misioneros.
La cortés embajada fue retribuida con una visita, realizada el 24 de septiembre de 1888, por el padre superior de la Misión de Concepción al rey Moka en su residencia de Riabba, así como a su primer ministro Sas Ebuera, que los atendieron con cortesía, cambiándose entre ambas partes saludos y regalos, según costumbre. Moka les recibió sentado en su trono y rodeado de su consejero y de sus SESENTA mujeres.


Datos extraídos de las Notas para un estudio antropológico y etnológico del bubi de Fernando  Poo, escrito por don Carlos Crespo Gil- Delgado , doctor en ciencias naturales y abogado.  1949


fernandoelafricano.blogspot.com 

jueves, 20 de agosto de 2015

RELACIONES ENTRE BLANCOS Y BUBIS - SEGUNDA PARTE








En 1810 atracó un barco mercante inglés en la bahía de San Carlos con objeto de hacer aguada y en uno bote vinieron a tierra su capitán Mr. Mac William y cinco marineros, saliendo inmediatamente del bosque cercano a la playa un grupo de bubis desnudos que con sus venablos arrojadizos mataron a todos los tripulantes del bote sin dejarles hacer uso de sus armas. Sin embargo no profanaron los cadáveres y se retiraron al bosque, permitiendo que las embarcaciones menores del buque vinieran a recoger a sus muertos.
En 1817 y 1819 se realizan tentativas del Gobierno inglés por medio de sus enviados, comodoro Bullen y capitán de fragata Roberston con el mismo éxito negativo que anteriormente, no logrando entablar relaciones con los bubis.
En 1821 desembarca en San Carlos también el capitán de la Real Marina Inglesa Ferdinand Kelly, el cual reconoce la costa en dirección norte, quedando deslumbrado ante el panorama sin par de la bahía isabelina, que recomienda en su informe como lugar preferente para establecer el Tribunal mixto de represión de la trata de esclavos recientemente fundado y que funcionaba en Freetown. Este escocés, más hábil que sus compatriotas consigue entablar amistosas relaciones con los bubis de la zona de Basupú, y es el primero que emplea la palabra bubi para designar a estos indígenas y también el primero que suministra datos etnológicos sobre ellos.
En 1827, y a consecuencia de los contactos de Kelly con los indígenas, comienzan los barcos ingleses a recalar en San Caerlos para hacer aguada, comprando de paso a los bubis algunas cabras y frutos del país a cambio principalmente de chatarra de hierro y algunos cuchillos; los encargados del tráfico eran las mujeres porque los hombres no bajaban a la playa, permanentemente armados y emboscados en la selva a la expectativa por temor de que sus mujeres fueran atacadas.
En este mismo año 1827 funda Mr. Richard Owen la ciudad de Clarence, luego llamada Santa Isabel, pero por causa del clima y de utilizar a los hombres blancos equivocadamente para trabajos de fuerza, después de muchas penalidades y de experimentar gran número de bajas tuvieron que abandonarla, así como la isla en 1873, circunstancia beneficiosa para España y sin la cual no conservaríamos aquel dominio que habría pasado como tantos otros al poder de Inglaterra.
El comerciante inglés, Cónsul de dicha nación en el Golfo de Biafra, Mr. Beecroft, explora parte de la isla ascendiendo al pico de Santa Isabel al parecer en dos ocasiones, en 1830 y en 1840, aunque de la primera excursión no hay completa seguridad. No se tienen datos sobre posibles relaciones con los bubis, puesto que no dejó escrito referente a ello.
El dominio español no se empieza a asentar hasta la expedición del capitán de navío don Juan José de Lerena que arribó a Clarence el 23 de febrero de 1843, tomando nuevamente posesión de la isla en nombre de España y su reina Isabel II, el 27 de dicho mes, bautizando a la capital con el nombre de Santa Isabel y nombrando gobernador español al conocido y prestigioso inglés mr. John Beecroft por falta de súbditos españoles que pudieran ostentar el cargo.
De 1876 a 1877 don Manuel Iradier explora gran parte de las costas de la isla y algo de la zona interior, dejando en sus escritos notas curiosas sobre las costumbres de los bubis y padece muchas penalidades entre ellas la muerte de su hijita Isabel, nacida en la isla de Elobey.
FIN SEGUNDA PARTE. Datos extraídos del libro Notas para un estudio antropológico y etnológico del bubi de Fernando Poo, escrito por el conde de Castillo- Fiel don Carlos Crespo Gil- Delgado.
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miércoles, 19 de agosto de 2015

RELACIONES ENTRE BLANCOS Y BUBIS EN FERNANDO POO



                                           

RELACIONES ENTREN BUBIS Y HOMBRES BLANCOS.

Las relaciones entre los bubis de Fernando Poo y los hombres blancos que desde el siglo XV empezaron a llegar a sus costas estaban siempre en la desconfianza de los bubis y la resistencia a la dominación extranjera. El bubi orgulloso de su independencia, rechazó cuando pudo por las armas a los invasores extranjeros y cuando estos fueron demasiado fuertes se refugió en las alturas al amparo de sus numerosas montañas. Huyó de las costas donde habían establecido sus primeros poblados evitando de ese modo que los capturaran como esclavos, o abusaran de sus mujeres, esa es la razón que las dos únicas poblaciones o ciudades que hay en la costa Santa Isabel(Malabo) y San Carlos (Luba) fueran fundadas por los ingleses.
Al cabo de muchos años se pudo armonizar la relación entre blancos y bubis, gracias en parte a la labor de los misioneros, como los padres Juanola, Albanell y Aymemí, que llegaron a conocer su lengua perfectamente y sus costumbres haciéndoles ver la importancia de unas buenas relaciones.
Los portugueses que descubrieron la isla, apenas intentaron colonizarla. A principios del siglo XVI, un colono portugués, Luis Ramos de Esquivel, estableció una factoría y algunas plantaciones de frutos del país, pero a los pocos años tuvo que abandonar la isla, debido a la hostilidad de los indígenas que atacaban a sus trabajadores y además diezmado por las fiebres de su personal. Este colono y algunos posteriores difundieron la leyenda reflejada en los informes que el gobernador de Santo Tomé enviaba a Lisboa, de que no convenía asentarse en Fernando Poo porque los indígenas eran muy feroces y envenenaban sus aguas, causando de este modo la muerte de los blancos. Naturalmente que la causa de la muerte de los blancos eran las fiebres palúdicas, la disentería, la fiebre amarilla y la enfermedad del sueño, que se cebaban en sus cuerpos sin la defensa de la farmacopea moderna.
Maris Carneiro, en 1642 dice que no debe desembarcarse en Fernando Poo sin la compañía de un guía que conozca la tierra, porque todos los habitantes son gente guerrera que no quiere relaciones ni trato con los portugueses. Luego añade que la isla está muy poblada, pero sus habitantes no tienen la costumbre de vender esclavos. Hábito que era habitual en las costas cercanas, donde quién ganaba una lucha entre poblados luego vendía los prisioneros a los traficantes.
Desde 1642 a 1648 los buques holandeses, entonces en guerra con Portugal, hacían frecuentes razias a la isla con objeto de capturar esclavos. Los bubis incapaces de resistir a las armas de fuego de los holandeses, que se llevaban a los hombres más fuertes y a las jóvenes más bellas, dejaron abandonadas sus costas, refugiándose en las mesetas del interior y evitando el contacto con los europeos.
El octubre de 1778 la expedición de don Felipe José Santos Toro, conde de Argelejo, al desembarcar  en la bahía de San Carlos para tomar posesión de la isla en nombre de España, sólo consigue ver a un negrito de 15 años de raza bubi al que consiguen capturar y cuya lengua no entienden los intérpretes indígenas, comprobando que desconocía el arroz y las legumbres europeas, así como el ganado vacuno y caballar. Durante la estancia de dicha expedición en Concepción (Biapa) desde el 29 de noviembre de 1779 al 30 de octubre de 1780, apenas tuvieron los expedicionarios relaciones con los indígenas a pesar de los regalos que se les hacían para atraerlos,. Los españoles se sentían rodeados de enemigos invisibles, los soldados no podían alejarse de la fortaleza ni marchar solos al bosque, pues en seguida eran atacados en cuanto se alejaban de la protección de los cañones de la fragata Santiago, lo único que imponía respeto a los bubis. Estos lograron que algunos criados y soldados negros de la expedición  desertaran de ella con sus armas. Solían enviar al campo español algunas mujeres con cestos de bananas y ñames más bien como espías que como vendedoras de género. Hubo algunos ataques frustrados por falta de decisión de los atacantes y un marinero fue herido en un muslo , muriendo después.  Al salir el barco de Fernando Poo, debido a la sublevación de la tropa acaudillada por el sargento Jerónimo Martín, los negros que indudablemente estaban acechando, salieron a la playa con grandes gritos en cuanto el barco levó anclas y desde la cubierta pudieron ver los españoles como los bubis saqueaban y prendía fuego a los edificios abandonados, Los cañones, subsistieron en aquel lugar durante muchos años porque los supersticiosos bubis que habían escuchado sus disparos no se atrevieron nunca a tocar a esos monstruos de aliento de fuego y ronca voz como ellos describían en sus cantares .
En 1785 los marinos ingleses Bullen y Lawson desembarcaron en San Carlos tratando de atraerse a los bubis con regalos, en lo que no tuvieron ningún éxito.

FIN PRIMETA PARTE.- Datos extraídos del libro Notas para un estudio antropológico y etnológico del Bubi de Fernando Poo, escrito por el doctor en ciencias naturales y abogado don Carlos Crespo Gil- Delgado. 

lunes, 17 de agosto de 2015

GUERRA Y ARMAS




                                               
                                               Río Consul en el puente del Hospital


GUERRA Y ARMAS.—

En los tiempos primitivos de la historia bubi, mucho antes de la arribada del blanco, la lucha entre los diversos habitantes que habían ido llegado a la Isla, eran constantes, mataban a los hombres y se llevaban como trofeos a las mujeres y niños. No hay que olvidar que para conseguir el precio título de Ebaha o Bohana, era preciso haber matado a un enemigo en combate y como prueba debía cortar el brazo derecho de su enemigo muerto y llevarlo al poblado a fin de presentarlo a su Botuku, conservándo luego el trofeo sumergido en aceite de palma o bien sencillamente ahumado al fuego.
Las leyendas de los bubis hablan de enconadas luchas entre boloketos y basakatos, que terminó con la derrota de éstos, los cuales debieron ceder a los primeros grandes zonas de caza y pagar, además un fuete tributo. Otras leyendas hablan de los combates entre batetes y bokokos, por pretender apoderarse el botuku de los batetes, llamado Mai de dos jóvenes de la tribu bokoko de extraordinaria belleza que deseaba para su harem, consiguiéndolo  por medio de una astuta sorpresa pero siendo al fin derrotado y muerto en una enérgica reacción de los bokokos.  
La mayoría de veces se comenzaban las hostilidades sin previa declaración de guerra y el ataque se ejecutaba por sorpresa, pero otras veces se cumplía solemnemente dicha formalidad enviándose una embajada al pueblo enemigo que declaraba la guerra empleando términos figurados, tales como Olo bari  to a jetasá lojecha lulé (mañana nos vestiremos los dos la misma ropa) o bien mañana comeremos juntos. 
Las causas de la guerra eran por terrenos de caza, el homicidio o el rapto de alguna mujer. Si las embajadas  para solicitud de explicaciones y devolución de la mujer raptada no fructificaban se declaraba la guerra. Se llamaba al pueblo a las armas al son de la trompeta de combate “ M`potutu “y enseguida se cuidaban las defensas del propio poblado obstruyendo los accesos al mismo con barricadas de troncos y colocando como defensores a los más débiles y ancianos, que no podían salir a campaña. Cerca del poblado y escondida en el bosque, se colocaba una pequeña fuerza de reserva con la misión de acudir en su defensa si era atacado.
Para ser que en tiempos primitivos se empleaban como armas de guerra las hondas fabricadas con cuerdas de bosque, con las que arrojaban al enemigo piedras aguzadas, también los bastones bubis servían para el caso, combatiendo a garrotazos y utilizando igualmente las hachas de piedra con o sin mango. Posteriormente se hizo general el uso del venablo de madera o dardo arrojadizo de un metro y medio de longitud y terminado en una punta provista de varios arpones con objeto de que el arma no pudiera sacarse del cuerpo sin desgarrarlo. Como armas defensivas usaban corazas de cuero de búfalo sin pelo con peto y espaldar que les llegaba hasta la cintura y grandes escudos ovalados de cuero de búfalo sin curtir, con armazón de madera ligera adornada con sartas de cuentas formando dibujos radiales y circulares. Dice la leyenda que el primer bubi que empleó el dardo arrojadizo o “Bechika” para la guerra fue el jefe de “Bualatokolo” llamado “Etatake”.
En el siglo XVI o XVII, además de los dardos se utilizaron armas de hierro, ya introducidos por los blancos, tales como el machete, cuchillo y hachas, y finalmente, desde principios del siglo XIX , importados por indígenas de lengua inglesa, empezaron a usarse fusiles de chispa o algunos más modernos hasta que a consecuencia del Convenio de Bruselas de 22 de julio de 1908, se prohibió la venta y uso de pólvora a los indígenas. A raíz de los sucesos de Balachá, se desarmó completamente a los bubis hacia 1917, recogiéndose casi un millar de fusiles.
Una vez movilizadas las tropas bubis acudían entre grandes gritos y cantos acompañados de insultos y alusiones a la cobardía del enemigo. Como táctica de combate utilizaban con gran frecuencia la emboscada y el ataque por sorpresa, procurando evitar los encuentros en terreno despejado.  Siempre trataban de capturar vivo algún jefe enemigo, cuyo hecho era propagado a grandes voces para desmoralizar al enemigo.
Aunque los combates eran sangrientos por la multitud de heridos, los muertos por lo general no eran demasiados, debido sin duda a lo primitivo de las armas empleadas, aparte de eso no eran demasiado crueles con los vencidos, ya que se acostumbraba a la imposición de multas y fuertes tributos y algunas veces con la entrega de doncellas.

Datos extraídos del libro Notas para un estudio antropológico y etnológico del bubi de Fernando Poo escrito por el conde de Castillo-Fiel don Carlos Crespo Gil-Delgado.  Editado en 1949. 

jueves, 13 de agosto de 2015

CEREMONIAS FUNERARIAS POR UN JEFE BUBI








CEREMONIAS FUNERARIAS POR UN JEFE BUBI

Cuando muere un botuku se despachan veloces correos con el fin que todos los poblados cercanos acudan a la ceremonia del entierro. Los jefes vecinos acudirán provistos de sendas cabras como regalo al alma del difunto.
Se procederá a excavar la sepultura, que consiste en dos hoyos circulares de un metro de diámetro y unos tres de profundidad donde se colocará el cadáver en la posición de sentado.
Sus mujeres lo lavan y pintan el cuerpo con la pomada ndola, ponen en su cabeza el sombrero de gala y le hacen empuñar en su mano derecha el bastón de mando, lo adornan con su collar, pulseras, cinturones colgantes de pequeñas cuentas de chibo y le sientan en un taburete, donde le harán permanecer erguido apoyando la espalda en la pared de la choza real. Se encienden dos hogueras de leña verde, que al arder produce mucho humo y que así aleja a los mosquitos molestos y evita que el cuerpo se descomponga con demasiada rapidez. Una vez colocado desfilan por delante de él los habitantes del poblado. Pasadas de seis a doce horas se juntan en la choza todos los ancianos del poblado y el mayor puesto  frente al cadáver, le llama a grandes voces por su propio nombre, para cerciorarse que si está bien muerto. Después degüellan varias cabras, con cuya sangre lavan el cadáver. Lo sacan de la casa haciendo un agujero en la pared y nunca por la puerta, y lo cargan siempre sentado en su taburete, a hombros y poniéndole en unas parihuelas construidas con troncos de helecho y cubierta de pieles. Los portadores emprenden la marcha rápida por el camino abierto a este objeto, aunque algunas veces durante el trayecto se separan de él, y siguen pistas falsas, todo ello con objeto de despistar al alma del difunto y no pueda encontrar el camino de vuelta, ya que a veces su espíritu queda cercano al poblado e incordia a sus familiares con la sana intención de aconsejarlos.
Existía la creencia entre los bubis de que si una mujer adúltera entraba en el cementerio de los jefes siendo culpable moriría sin remedio, y por este sistema pretendían averiguar los bubis el adulterio de sus mujeres, si éstas no se atrevían a seguir la procesión las castigaban seguidamente por adúlteras.
Llegados al lugar de la sepultura, colocan en el fondo de la sepultura algunos sacos de arroz, supongo para que tenga comida en su viaje al más allá, bajan el cadáver sentado y plantando entre sus piernas un arbolillo sagrado el Iko.  Degüella el bojiammó más cabras derramando sobre el difunto su sangre.
En los poblados del sur de la isla, en vez de sentarlo en un taburete o silla lo efectuaban en un pequeño cayuco , para que pudiera navegar hacia el otro mundo. Luego se cubre todo de tierra y se inician las ceremonias de duelo, que podían durar un mes. Durante ese periodo se hace inventario de los bienes del difunto, ya que el inmueble pasa a propiedad del jefe sucesor.  Al atardecer se entonan himnos en su honor, relatando la vida y los hechos heroicos del finado, haciendo mención de su poderío, se supone que en función de la cantidad de aguardiente (topé) mejores serán sus hazañas. Como ceremonia final se celebra la quema total del poblado del jefe fallecido, viéndose sus habitantes obligados a trasladarse a otro lugar.( si así fuera, que poco valor sería el inmueble heredado por el nuevo botuku. 

Esas ceremonias hoy en día serían imposible, si en aquel entonces en que los terrenos no tenían propiedad definida, era fácil cambiar su situación dado que las casas eran todas de nipa y con algunas maderas se podía realizar.
Datos extraídos de: Notas para un estudio antropológico y etnológico del bubi de Fernando Poo , escrito por el conde de Castillo-Fiel don Carlos Crespo Gil- Delgado.


fernandoelafricano.blogspot.com 


martes, 11 de agosto de 2015

EL NACIMIENTO EN EL PUEBLO BUBI



                                                         

                                             El rey bubi Malabo

EL NACIMIENTO EN EL PUEBLO BUBI

Hace pocos días tuve una conversación con una comadrona que había estado en Guinea y me contaba los posibles problemas económicos que  representa el parto para una familia actualmente, y entonces se me ocurrió repasar como eran los nacimientos en el siglo pasado y la verdad que esas tradiciones y protocolos hoy en día, no se podrían cumplir, para ver sus dificultades resumo los datos que nos facilita el claretiano A. Martin del Molino en su magnífico libro Los Bubis Ritos y Creencias.
Para dar a luz existe una casita pequeña, dedicada al espíritu buaíribo mayor del clan, es decir el de la Madre de todo el clan. De su veneración se encarga la mujer de más edad del poblado. La noticia de estar próximo el parto, la dará el padre de la mujer, pues su esposo pertenece a otro clan, el padre es también el responsable de llamar a las mujeres parteras propias de su clan.
El alumbramiento se hará en secreto, silencio que habrán de cumplir las parteras, pues como es obra de los espíritus cualquier ruido podría perturbar, no estando permitido que se acerque ningún hombre, ya que son espíritus femeninos y la presencia masculina podría repercutir en el nuevo ser.
El nacimiento se produce sobre unas hierbas especiales llamada mboto y oye.  No encima de la cama porque el primero que tiene que aceptar al niño es la tierra, madre de todos. Al fondo de la casita detrás del fuego se hará un lecho sobre el cual tendrá que dormir dos noches, la considerada impura mujer.
La placenta será enterrada en el mismo sitio que ha nacido el niño, como homenaje a la tierra y al espíritu de la casa que a tantos hace nacer, la madre no podrá dar de mamar al niño hasta que la placenta sea enterrada. El cordón umbilical mookori no se considera por el contrario como elemento de impureza. Se guardará como veneración dentro de la capilla, abriendo una caña en dos mitades y colocando dentro atado, y colgado del techo hasta que pasado un tiempo se entierra y se planta un arbusto que prosperará como la vida del niño.   
Si existe dificultad en el nacimiento, se temerá que la causa esté en la misma parturienta por algún pecado cometido. Se le obligará a confesarse del adulterio, indicando con algunos palitos el número de hombres con quienes a convivido en secreto.
Pasadas las dos noches de purificación la madre presentará al recién nacido a la familia y a los ocho días al resto de toda la tribu.  En el rito del lopuam o iniciación a la vida, los padres del niño nombran a un padrino o madrina. Llevando el niño o niña en brazos se efectuará un acto bajo una palmera, donde el padrino le dice : Tú serás un buen trepador no resbalarás ni caerás de la palmera. Si es niña le dirá: Ya tienes los frutos de la palmera no dejarás que se pudran bajo ella. Luego en un acto los invitados van depositando los regalos al pie del nacido, que es revestido con pinturas de ndola. Ya en casa, la mayor de la familia recoge agua con una hoja de malanga y formando con ella una bolsa o cucurucho, la hace caer sobre los pechos de la madre recitando la siguiente plegaria: espíritu que has comprado esta mujer, haz que tenga leche para alimentar el niño. Con una abundante comida en que está invitado todo el poblado terminan los festejos del nacimiento.

La mujer que da a luz gemelos es felicitada de un modo especial y es llamada basaloté, es decir mujer que ha hecho una gran cosa. Para los familiares es motivo de una gran alegría, pero al mismo tiempo de mal augurio, porque con ello los espíritus indican que sobra uno en la familia y que pronto este morirá, como una víctima de un feliz acontecimiento.  

lunes, 27 de julio de 2015

LLUVIA TROPICAL






 LLUVIA TROPICAL

Como buen y admirado protagonista
Prepara su salida al escenario
Un manto negro es su primera pista.
Nubes negras, grises de muchos colores
Van cubriendo nuestro cielo azul
Los rayos  alertan nuestros temores.
Caen con pausa grandes gotas
Nos refugiamos bajo techo
Las gotas ya son pelotas.
De repente  el telón se levanta
Suenan las gotas como tambores
Los rayos y ruidos a todos espanta.
Las calles son ríos grandes torrenteras
El agua arrastra árboles y cualquier enser
Su poder barre límites y fronteras.
Tras horas de escuchar ese concierto
Que es el batir las gotas sobre los techos
Todo se para todo queda quieto.
Sale el sol de su larga siesta
La gente se anima a salir
Se oye cantos como de fiesta.
Los niños juegan en los charcos
Demuestran  su sana alegría
De papel hacen barcos
Que navegan  por la ría.


Fernando García      Barcelona   27 julio 2015