miércoles, 3 de junio de 2015

LOS BUBIS
















                                                                  Serpientes en el lago Biao

Los bubis llegaron a las playas de Bioko
muchos desde las costas cercanas
algunos con el corazón roto
de verse obligado huir a tierras lejanas.

Desembarcando en Ureka, Basakato y Carboneras
con sus familias y enseres
navegando en cayucos y pateras
huyendo de malos poderes.

Ese pico de Basilé donde reina el dios Obassa
les sugería tranquilidad y protección
de donde venían, era escasa
quedarse era su perdición.

Ante el tráfico de esclavos hace mucho tiempo
dejaron en la costa su vida de pescadores 
huyendo a las montañas en busca de sustento
pasando a ser agricultores y cazadores.

El mundo les trajo pequeñas invasiones
portugueses, españoles e ingleses
que traían comercio y ambiciones
para defender sus intereses.

Al fin lograron su deseada independencia
pensando en ser tabla salvadora
pero otras tribus de mayor potencia
les imponen injusticia arrolladora

Se imponen el piching y el fang
la sumisión es su única salida
el petróleo brota como huracán
su dinero al poder da vida.

Bioko pueblo de mi infancia
te alegraste de nuestra marcha
pero sin ánimo de petulancia
recuerda con cariño nuestra estancia.        

Fernando García Gimeno


Algete a  3 de junio de 2015

miércoles, 29 de abril de 2015

HUNDIMIENTO DEL FERNANDO POO EN BATA 1936



                                              Atravesando Río Benito



HUNDIMIENTO DEL FERNANDO POO EN LA BAHÍA DE BATA

En Santa Isabel el levantamiento de una parte de España contra la República, el llamado Alzamiento Nacional de julio de 1936, hizo que viendo su consolidación el 18 de septiembre de ese mismo año, destituyen al Gobernador y se proclaman del bando Nacional, no así en Bata donde se constituye Un Comité a lo Frente Popular de España, lo primero que hicieron fue reducir a obediencia y adueñarse de la Guardia Colonial y del armamento de la misma depositado y declarar un bando en estado  de guerra en la población. Ese comité presionaba al jefe de las fuerzas militares señor Fontanet para detener entre otros a todos los misioneros.
Organizaron levas para proteger y vigilar las playas de Utonde y del Ekuku, por sin desembarcaban tropas procedentes de Santa Isabel. Bien provistos se lanzaron a mano armada a la caza de cuantos no comulgaban con sus ideas, entre ellos los administradores del interior como los capitanes Roncaño, Aguilar y don Antonio del Valle y Furundarena.
En eso llegó a Bata la motonave Fernando Poo. El día 1 de octubre llegó a la Misión el practicante del hospital y destacado comunista, señor Paco Diez, y dado que era amigo desde la infancia del padre Bruno, les dijo con toda reserva , que si querían salvarse¡ debían salir y esconderse inmediatamente, fuera donde fuese, ya que aquella noche los vendrían a buscar los del Comité del Fernando Poo, para llevarlos a las bodegas del barco.
El padre Superior convocó a la Comunidad y les notificó la gravedad de su situación. Oír lo que decía el padre Larraya y marchar todos a sus cuartos para dejar las sotanas y cambiarlas por chaquetas y americanas que a buen recaudo cada uno guardaba en su  maleta. Todos salieron de la Misión salvo el hermano Isidoro Gil que se quedó como guardián de la casa.
Al final todos cayeron en manos de los milicianos y trasladados a las dependencias de la Alena, donde permanecieron encerrados, salvo los de Kogo que huyeron a Libreville y dos de Nkue que se fueron al Camerún el día 13 de octubre a las cinco de la mañana, fueron trasladados a las bodegas del Fernando Poo, con ánimo de desentenderse de todos ellos hasta el día que se les antojara.
Los primeros de la Comunidad de Bata en caer en manos de sus perseguidores fueron los padres Egusquiza y Boixadera, iban nuestros padres camino de Movó, por detrás del cementerio de la Misión, cuando al llegar encima de la loma les avistaron algunos indígenas, los cuales al verlos con indumentaria peregrina y con sendos bultos en la mano, creyendo que eran unos señores que escapaban de los milicianos con armas sustraídas a los mismos, dieron parte. Las armas eran los paraguas que llevaban en las manos. Así fueron cayendo uno a uno.
Serían, en efecto, sobe las ocho y media de la mañana del día siguiente que nuestros hermanos llegaron al Fernando Poo, cuando en la lejanía y entre brumas empezó a perfilarse la silueta de una motonave que a todo meter intentaba colarse en el puerto de Bata (en la ensenada, no había puerto en Bata entonces)Sorprendida con semejante aparición la oficialidad del Fernando Poo, enfilaron todos sus prismáticos hacia la misma por ver si lograban distinguir la nación y matrícula que se correspondía a aquel navío.
Mientras tanto, la motonave, asegurada de que se hallaba ya cerca del puerto a cuyas aguas se dirigía, adelantaba cada vez más, cuando al cabo de media hora escasa, retumbaron en el espacio, con horrísono estruendo, dos cañonazos, disparados con tan certera puntería, que ambos dieron al Fernando Poo, inutilizándolo por completo para navegar. Tras estos dos disparos vinieron otros contra la población y caserío de Bata, con lo que ya nadie dudó que la motonave que con tanta certera puntería así disparaba, no podía ser otra que algún navío que hubieran artillado para el caso las fuerzas nacionalistas de Franco, enviándolo a Bata para libertarla del yugo comunista que tan villanamente la oprimía.

Así era en efecto: la motonave era el vapor Ciudad de Mahón, salido de Canarias hacia unos diez días con unos ochocientos voluntarios y uno o dos tabores de Ifni y la conveniente oficialidad. La partida se había liquidado, quedando la victoria para las tropas de nuestra España nacional.
Las bajas: dos misioneros muertos por el disparo de popa, el padre Acacio Ferraz y el hermano Angel Roig, más un paisano de la casa Abascal y cuatro heridos más, todos hermanos nuestros, alguno de ellos con tanta gravedad, como el hermano Isidoro  Gil, que a los pocos días fallecía en el Hospital de Santa Isabel.
La oficialidad  del Fernando Poo y los milicianos, al grito de sálvese quien pueda, a nado algunos y otros con botes, corrieron como locos a escapar de la llegada del Mahón. Llegados a tierra buscaron vehículos para huir al Camerún, tanto es así que los voluntarios canarios, en una batida que organizaron por las poblaciones cercanas a Bata, no capturaron a ninguno. 
El barco a todo esto empezó a escorarse, por lo que todo el mundo lo abandonó, salvo algunos que no se dieron cuenta a tiempo y fallecieron al hundirse parte del barco.
NOTA MÍA : En ese Fernando Poo viajaba mi abuela Polonia y unos primos míos, según me contaron.

Fernando García   Barcelona a  28 de abril 2015



martes, 28 de abril de 2015

ACACIO MAÑE Y OTRAS historias









                                              Granja Agrónoma Evinayong



ACACIO  MAÑE Y OTRAS HISTORIAS´


Siempre que se habla de la represión del Gobierno español en el periodo de la presión para lograr la Independencia de Guinea Ecuatorial, salen los nombres casi únicos de los llamados mártires de la Independencia, Acacio Mañe y Enrique Nvo. Hasta hoy no había leído algo que me diera una visión  de quién era Acacio Mañe. Mira por donde en el libro Memorias de un Viejo Colonial y Misionero, hay una mención a este personaje.
Cuenta el claretiano que estando en Bata, se presentaron varias comisiones de diferentes pueblos, solicitando que construyeran capillas en sus poblados. Al poco tiempo de haberse llegado a Bata una comisión de ngamas que mandara el jefe Nzamio, se presentó procedente del norte, un muchacho esambira solicitando cosa parecida para sus compañeros y hermanos de tribu residentes por Njiakom y sus alrededores. El muchacho en cuestión, que entonces vestía por toda indumentaria una cuerda en cintura, es hoy dueño de un capital que para sí quisieran muchos de mis lectores. Mañe m´Elá era su nombre en aquellos días, hoy se llama Acacio Mañe.
De la forma que habla el vicario de Acacio, hace pensar que se había convertido en un hombre muy considerado por la sociedad, así que no se comprende la poca visión del Gobierno Español en no atender las posibles demandas razonadas de este señor.
En el libro cuenta , que en una ocasión se hallaban los cristianos de Njiakom rezando en la capilla primitiva el Santo Rosario, mientras a unos cincuenta metros de distancia jugueteaba y preparaba su mvoc otro gorila en un árbol muy alto, sin parar mientes ni hacer caso del ruido que producían aquellos al rezarlo en voz alta.
Cuenta que decidieron en 1924, crear una capilla en Nkue, en el kilómetro 103 de la carretera Bata Micomeseng, la expedición hasta llegar a su destino empleó diecinueve días, en cuya travesía sufrieron aguaceros y dificultades por atravesar algunos ríos, entre ellos el Ekuku cerca de Bata.
Al llegar al poblado muchos de sus habitantes nunca habían visto un blanco, y las barbas largas de alguno de los misioneros les llamaban tanto la atención que hacían colas para mesarlas. Alguno de sus vecinos, pensaban que eran hombres venidos de otro mundo.

Hasta 1927, no fue inaugurada por el gobernador Nuñez del Prado, la carretera Bata- Micomeseng.

Fernando García  Barcelona  28 abril 2015

domingo, 26 de abril de 2015

BATA





                                                                 



BATA

            Siempre que se habla de la labor colonizadora y explotadora de España en Guinea Ecuatorial, siempre sostengo la posible labor explotadora  se inició a partir de 1930, ya que antes no existía carreteras, ni puertos ni aeropuertos, y como ejemplo me sirve los datos aportados en sus relatos por el vicario apostólico en su libro “ Memorias de un Viejo Colonial y Misionero”, editado en 1950.

Se supone que los primeros pobladores que llegaron a las playas de Bata, fueron los vengas, que primero se establecieron en las mismas, los ndowes llegaron perseguidos a mano armada por los lityetyi de la leyenda, o sea, los primitivos bakokos, si hemos de dar crédito, no fueron los kombes los que primero volvieron la espalda dándose a la fuga a la vista de aquellos guerreros.
Precedidos en esta huída por los vengas y bapukus, fueron estas dos ramas de la familia umba las que primero escaparon del peligro que corrían de verse absorbidos y aniquilados por aquellos guerreros. A medida que avanzaban, iban jalonando el territorio por el que huían, dejando rastros y vestigios de su paso, siendo estas huellas las únicas señales que nos quedan de aquella emigración. Han quedado los nombres que ellos pusieron , de los cuales nos quedan muchos en el interior. De ahí los nombres bengas, kombes y bapukus que llevan muchos pueblos pamues de esa zona, así y todo se acomodan en su pronunciación a la manera de hablar de los fang.
Cuando llegaron a Bata aquellas multitudes la encontraron vacía y deshabitada, sin huella ni rastro de otra población. Los primeros en llegar fueron los bengas, a los que siguieron de cerca los bapukus, como afines y casi de la misma familia, después los ndowes con sus distintas familias, clanes de kombes, bobendas, momas, mapangas, asongas, bomudis, mogandas etc.
Llegados a este sitio, los bengas siguieron camino adelante rumbo sur, menos unas cuantas familia que se establecieron por el Utonde.
Capitaneados por jefe de prestigio que les señalaban el camino, para huir de los terribles bakokos. En principio las relaciones entre clanes fue bien, pero al llegar a las playas de Bome y de Ngaba, empezaron las luchas entre kombes, igaras y buikos, que se prolongaron varios años hasta que tuvieron el ikongongomo (pacto de sangre) en las playas de Tika, por imposición de célebre jefe Bilangwa.
La vida quedó en manos de los jefes, de los mekuku y megangas, cada tribu tenía sus leyendas que los nvet o trovadores cantaban para el egombe-egombe, como por ejemplo la de Ndyambekunda, al arribar sano y salvo después de un naufragio que sufrió en alta mar a las playas de su pueblo de Bome, caballero andante en la caparazón y lomo de una tortuga.
 Epakele, el de los mapangas, comiendo y pelando tranquilamente a muchos metros debajo del agua una caña de azúcar, mientras como por broma salían a la superficie los restos que él tiraba con mucha naturalidad desde su escondite bajo el agua.
Ibendu, el bapuku del Utonde, al sumergirse en las aguas del río a gran profundidad, y topas en ellas con una ciudad encantada, hermosa y bella sin par, cual no vieran sus ojos en este suelo. 
Cuenta el vicario que al contemplar por primera vez Bata en 1918, tenía tres o cuatro calles y solo había de edificios el Subgobierno y el Cuartel, La Misión, Moritz, Iñigo, Cañada, Obras Públicas, John Holt, Hatton Cookson, Antonio Azcon, Wöermann y Aurelio Santiuste, básicamente factorías para el comercio con los indígenas que llegaban de los pueblos vecinos a vender sus productos, no existía población indígena salvo alguna chabola suelta. Solo existía un puente llamado de la Misión.
La Bata que nos ocupamos estaba situada ente el poblado kombe, del jefe Mbara, hasta el de Moganda de Domingo Ngatye, o sea, desde el riachuelo de Udubwandyolo al Isimbo de Moganda. Al no haber puentes sobre los ríos, cuando subía la marea o llovía mucho, quedaba algo aislada la población de Bata.
Salir a la calle de noche o entre dos luces, se podía topar uno con un venado, nada extraño cuando los mismos leopardos se andaban por lo solares , como dueños en su casa, testigo el que mató en la Misión el hermano José Martins a unos cuarenta metros de nuestras habitaciones, y aquel otro que se desayunó nuestra perrita  en el mismo despacho parroquial. Cerca de la población los gorilas paseaban con sus familias tranquilamente.
Sin  comercio alguno con el exterior, el único movimiento en la ciudad eran los braceros que iba y venían de Fernando Poo, lo que proporcionaba cierto negocio  de venta de telas de paños de color, machetes y lámparas de petróleo. .
El otro comercio que existía era algo de ébano y palo rojo que compraban los comerciantes para enviar a Europa en cuando tenían ocasión, con los barcos de sus compañías que transitaban por el Atlántico.


Fernando García  Barcelona 26 de abril 2915.

lunes, 20 de abril de 2015

SACRIFICIO HUMANO EN EL PUEBLO BUBI




                                                                     
                                                             Balele típico años 40/50

En el pueblo bubi, no se conocen épocas de antropofagia ni tampoco ceremonias de sacrificios humanos, pese a la dureza de algunas leyes, como por ejemplo a las adúlteras cortarles una oreja o a veces a un ladrón cercenarle la mano. Por ello destaca que en sus ceremonias en el ritual del Buala, existe el sacrificio humano, como nos cuenta el padre Martín del Molino en su libro Los Bubis Ritos y creencias.
El buala es una asociación, como un clan familiar exclusivo para hombres, que gozan de manifestaciones de su unión, con danzas, juegos canciones y que les sirve como equipo guerrero para defender su interés en la región.
El lobedde es el objeto característico de la agrupación, y generalmente tiene forma de cayuco, ya que representa el medio en que llegaron a la isla y en cierta manera la forma con que en su origen se ganaban la vida como pescadores. Se han encontrado en excavaciones muchos objetos de estos, que se hacían en principio de barro, posteriormente se empezaron a fabricar en madera.
Cada vez que por fallecimiento u otra causa se cambia el jefe del buala, se procede a la destrucción del lobedde anterior, mediante un acto de lanzarlo a un barraco los portadores del mismo, pero de espaldas al precipicio, como signo de cambio total de ciclo. A continuación se adquiere el nuevo, adornado por diversos objetos, tales como conchas de mar. Esta asociación cultural guerrera trajo en cierta manera una lucha para llegar al poder como jefe de esa asamblea, lo que ellos llamaban boabí.
Consideraban que el sacrificio humano era necesario e imprescindible para dar fuerza al buala.
El día convenido todos los pertenecientes a ese buala, debían reunirse en una plaza escondida en el bosque, en que se había designado como sede “social”. Ese día se prohibía a las mujeres  salir del poblado bajo severas advertencias . Era obligación acudir a todos los miembros pese a saber que uno de ellos sería sacrificado.
Como la mayoría de ceremonias africanas empezaba con una danza, cuyo ritmo aumentaba, supongo, debido al topé (aguardiente bebida) , hasta que de repente uno de los asistentes caía bajo un hachazo en su cuello provocado por el hechicero que dirigía el ceremonial., Al desgraciado  se le dejaba desangrar abandonado para que las hormigas fueran devorando su carne, estas, vigilantes del bosque africano no tardan en percibir el alimento. Con esa sangre se rociaba el cayuco simbólico y al boabí.


A los pocos días se incitaba a un valiente, para que fuera a recoger la calavera al bosque, acto que debía efectuar totalmente a oscuras sin llevar ninguna antorche para iluminar el camino, debía introducirla al poblado por la noche, colgarla de un árbol de la plaza, a fin de que todos pudieran verla, y sentir el poder de su agrupación. La familia del difunto no podía exteriorizar su dolor con lamentos. De nuevo el valiente que la había ido a buscar al bosque, daba una vuelta a la plaza con ella y la colgaba de un árbol designado para ello.

Como se relata, nos indica que la muerte en las tribus africanas, la afrontan con naturalidad y como algo inevitable parta sobrevivir los que quedan.


Fernando García 20 de abril 2015-04-20

domingo, 5 de abril de 2015

EL ESPÍRITU DE EOSÓ




  

Eosó
Volviendo a los morimós o dioses de menor importancia tenemos a Eosó, el que hay muchas leyendas ya que es el capitán de los guerreros., cuenta el claretiano padre Martin del Molino en su libro Los Bubis Ritos y Creencias, una de ellas.
En tiempos remotos, apareció por el mar, frente a la desembocadura del río Iladyi, un numeroso ejercito maléfico, era tal que Eosó tuvo que huir en retirada, por los barrancos del Iladji, llegado al lugar de las famosas cascadas, Eosó estableció una treta, consistente en acumular el agua y soltarlas precipitadamente sobre el enemigo. Así aguardó hasta que el botutú de Ebobó , le avisó que subían por el río. Divisó Eosó la llegada de esos miles de enemigos, entonces dio orden a sus tropas de abrir las compuertas. Sobre los enemigos cayó una avalancha de agua, tierra y piedras, produciendo el hecho, la hondonada en forma de herradura que ahora contemplamos.  Todavía existe una capilla en honor de Eosó en las cercanías de las cascadas.  En ella se celebran actos, como sacrificar un gallo y libaciones de topé. Quedan restos del gallo en el remanso del río pero duran poco, ya que los cangrejos que representan a los soldados lo devoran.
En el río Iladji hay pozos profundos, destinados para la prisión de los malos, llamados oborimodoodo. Eosó no tiene potestad para encarcelarlos para siempre en  el infierno eterno que se halla bajo la tierra, sino solo para castigarlos según su falta, Eosó los arrojará por las cascadas o los introducirá en sus pozos, también puede utilizarlos como esclavos para traerle carne del bosque o vino de las palmeras (topè) 
Este dios es muy venerado y a ofrecerle ofrendas acuden a su capilla los que se sienten perseguidos por algún espíritu maligno o incluso los cazadores que no encuentran la caza habitual en el bosque, y piensan en la existencia de maléficos seres a los que puede combatir Eosó. Es bueno dar de comer a los famosos cangrejos que son en realidad las fuerzas guerreras, lo que denota su cuerpo acorazado y sus peligrosas pinzas.  

Extraido del libro del padre claretiano Martin del Molino, Los Bubis Ritos y Creencias 
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Fernando García Gimeno
Barcelona a 5 de abril de 2015


sábado, 4 de abril de 2015

MMO MORIMÓ




                                                                



MMO O MORIMÓ
 De pequeño cuando llegué en 1942 a la isla de Fernando Poo, me hablaron del morimó, y notaba que lo explicaban con cierto temor y mucho respeto,
tal vez porqué no me lo contaron debidamente o por mi corta edad (9 años)
entendí que aquello era como hechicería, un cierto aspecto de brujería que nos  podía llegar a todos, en caso de falta de respeto. A todo ello se unió que el maravilloso mango que tenía mi abuela delante de su vivienda, lucia unos mangos de colores vivos y aspecto magnífico, y en sus mismas ramas aparecían colgadas latas oxidadas, trapos de color rojo y otros extraños artilugios, al preguntarle a mis primos que era aquello, me respondieron que lo hacía mi abuela Polonia, para  evitar que le robaran sus frutos, dado que los indígenas pensaban que eran signos del  morimó, y no se atrevían a tocarlos. .
 El padre A. Martin del Molino lo explica perfectamente en su libro Los Bubis Ritos y Creencias, por morimó desigina el bubi a los espíritus de la creación, esos espíritus podrían llamarse dioses o más bien ángeles, aunque no tienen en ningún caso una figura determinada.Los nombres de los montes, barrancos, playas, son espíritus y comentaremos  alguno de ellos.
En el pico de Santa Isabel, también llamado pico de Basilé, reside el supremo, Eri,  bajo su mando está Obasa el presidente, Eña o Raopó espíritu de los tornados y Silé de la brisa fresca de la montaña. Muy importante para los bubis es Raopó dios de los tornados. Para los bubis el tornado fecunda las palmeras, pues el  año de muchos tornados, las palmeras dan mucho aceite, se puede considerar el morimó de la fecundidad. A las órdenes de Raopó militan sus ayudantes, los  vientos engordan el bangá o dátil del aceite y barre las epidemias en los aldeas.
Por eso a Raopó y a los basibaribó se les atribuye la fuerza para vencer y guiar las lanzas en sus guerras o caceríasLos espíritus que moran junto a Dios, son los encargados de abrir los orificios del cielo que mandan el agua, parece ser que la central hidráulica está en un lugar llamado Akabasokó.
La fuerza del espíritu de Raopó, hace que puedan atravesar el río, de un solo salto,  como volando,. Se cuenta que en Batete un tal Bochomá de un arrebato, el espíritu  lo subió a lo alto de una ceiba, y empezó a llorar pensando que si el espíritu lo abandonaba no podría bajar  y moriría, pero morimó lo cogió dejándolo mansamente en el suelo.    Otro día contaremos más cosas que nos explica mejor que yo,
el padre claretiano Martin del Molino.
 Fernando García Gimeno   3 de abril 2015