sábado, 20 de noviembre de 2010

El frío de la senectud

El frío y viento anuncian el duro invierno,

mi cabello blanco anuncia mi infierno,

reuma, artrosis, gripe y sus hermanas,

me anuncian su incremento por las mañanas.

¿Como puede combatir uno, todas estas virtudes,

que cual nieve acumulada arrastra como aludes?

pues pensando en los mejores años de la vida,

cuando disfrutaba del calor en mi isla querida.

Allí en lo que es ahora Guinea Ecuatorial,

donde se vivía, con poco dinero, fenomenal,

rodeado de arañas, mosquitos y ratas,

que compartían conmigo mis largas patas.

Dicen que hacia calor y mucha humedad,

yo no me enteré, esa es la verdad,

comentan que existían odios entre colores,

yo siempre tuve de los dos colores, amores.

Los nativos arrendaban sus fincas a los blancos,

en sus huertas trabajaban otros tantos,

algunos en oficios y oficinas, tenían trabajo,

en las fincas los nigerianos al destajo.

En los colegios e Instituto Colonial,

la mezcla de raza era normal,

en el cine nos separaba una pequeña barrera,

y el precio más barato para ellos era.

En mi niñez hasta los treinta y tres años,

he jugado a futbol y baloncesto con ellos,

nunca he tenido el menor roce ni pelea,

todo ha sido paz y espero que se me crea.

Todo lo que cuentan algunos personajes,

son los que en video han visto esos parajes,

la mentira es muy contagiosa,

y se lo digo en verso, no en prosa.

Por cierto se me olvidaba el detalle,

nunca he visto en plaza o calle,

a nadie limosna pidiendo,

los frutos en remolino de viento,

caían maduros y sabrosos,

y ahí quedaban perezosos,

sin que nadie los recogiera

era una país feliz, otra era.



Fernando el Africano





Barcelona a 20 de Noviembre 2010

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