lunes, 20 de febrero de 2012

ANÉCDOTAS DEL PUEBLO FANG Y OTROS IX


ANÉCDOTAS DEL PUEBLO FANG Y OTROS – IX


1921

Acabo de realizar una excursión al río Ndote, para acompañar al reverendo Pelayo Rodríguez que se dirigía a ejercer su ministerio en Punta Yoni, y enterarse de los pormenores de la Misión que le ha sido confiada. Casi cinco horas llevamos andadas, y me fui por el mismo camino a mi residencia. En todo ese largo viaje he tenido las mismas impresiones. El centro no puede ser más estratégico. Numerosa población de muy variadas tribus: kombes, balengues, bujebas, pamues, camino playero semejante a nuestras carreteras, sombreado casi en su totalidad por el conocido árbol de sombra. Numerosos testimonios de antiguos y modernos esfuerzos comerciales y colonizadores. La triste realidad gimiendo vergonzosa ante numerosos factores de prosperidad que se desarrollarían de ser ayudados por las circunstancias. Un suelo arenoso y pobre en apariencia, pero que se presta a maravilla para cultivos que en la actualidad se ven descuidados.
Afortunadamente parece que los ojos de algunos generosos patriotas convergen hacia estas encantadas regiones, como en tiempo de antaño, aprovechados comerciantes extranjeros van sacando periódicamente los codiciados productos que encierran.
Un nuevo aserradero vamos a sumar a los varios existentes, bajo la competente dirección del veterano en estas tierras don Camilo Fernández Martos.
 Otra entidad  coruñesa está estudiando sobre el terreno el negocio que con más garantía de éxito deberá dirigir para establecerse aquí. Además de todo esto, en puertas tenemos otra sociedad castellano- vasca que estudia su entrada por estas tierras de quien la fama cuenta tantas beldades. Por ser nacionales les deseamos toda clase de prosperidad.
Una confirmación de mis asertos es el vapor danés Copenhagen, ha permanecido tres días entre nosotros cargando con un servicio de lanchas 147 trozas grandes, 464 pequeñas de ébano, marfil y aceite de palma. Los datos se los debemos al habilitado de Aduanas don Francisco Marroig. Nótese de paso que el embarque tan solo ha sido por vía de prueba, pues mucho mayor es la cantidad de productos a embarcar.
Sigue prestando sus valiosos servicios el Hospital Americano, a cargo del inteligente y simpático doctor Smitt. Que está sembrando los inmensos servicios a la salud entre europeos e indígenas en estas hermosas tierras de Benito.

Los ebunes sus costumbres sus ndekis y velikas

La velika es una habitación mucho más decente que la cocina, más pequeña por lo común que esta, es objeto de mayor cuidado y limpieza, siendo así como nuestra sala principal. Separada de la cocina, bien por un simple tabique de nipas o corteza de árboles, bien en cuerpo aparte a la banda opuesta, viene a ser para el indígena el depósito de los secretos íntimos de familia, el almacén del haber inmueble de la casa, el comedor en días de gala o de convite, la sala de tertulia de huéspedes y viandantes.
De igual forma y hechura que aquella, es más curiosa, bien aseadita, como algunos la tienen, no desdice de un europeo.
Claro que no hay que soñar  en ella con ricos somieres, mullidos sofás y tupidas colgaduras, ni con cómodas mecedoras, ni velones de abundante y clara luz, así y todo no faltará en muchas su buena cama con un muy amplio mosquitero, la luz la dará una bujía, tal vez un quinqué medio estropeado, nunca empero una antorcha de bambú, mucho menos el tizón de la cocina.
Tendrá ella indudablemente cosas de mal gusto, retratos de periódicos y revistas a granel , vistas y acuarelas las más peregrinas, cuadros chicos y grandes, sin orden ni concierto junto a un plato de mil y más colores, tal vez se encuentre un peine o cosa peor, no alcanzar más nuestros biografiados que de casta le viene al galgo.
Los bien acomodados la hacen amplia de dos alcobas y una salita en medio adosándole, si acaso lo exige o la necesidad lo reclama, a ambos lados sendas literas para los muchachos, nunca tan adornados como las primeras. 
En la velika es indispensable una pequeña toilette, de esas de género chico que se improvisan al volver de una esquina, en dos minutos que pase uno en la factoría, consiste ella casi siempre en una gran luna, con algunas pastillas de jabón el más barato y repugnante , más algunos potes de mejunje, algo así como cerato, que pegado al cuerpo de un abonado, despide un olor a pescado podrido, como graciosamente me lo describió uno que conoce el paño.
Individuos hay sin embargo a quienes no se les puede poner un punto, como un vecino de Tika, en cuyas camas dormimos el señor Obispo y yo, y conciliamos el sueño beatíficamente. Al despertar cada uno encontró en su mesita los enseres necesarios para el lavado, toalla, palangana, jabón etc. Al estilo más limpio y aseado que uno pueda imaginarse.
No se redujo a eso, lo que hizo el buen hombre, pues en la mesa puso lo mejor que atesoraba en sus cajas, lo confieso ingenuamente, desde entonces incontables veces he sido convidado a comer Con indígenas y europeos de este y de otro campo o frontera y nunca más he admirado tan rica y hermosa vajilla como la de aquel día nos sirvieron en Tika.
Cinco o seis más son los ndekis que hay en toda Mbonda, muchas las velikas, pero más y mejores deberían ser, si se dedicaran a cultivar las ricas cañadas de Mbia, y no se verían en la precisión de ir a Bata a comprar un centenar de nipas que se encuentran en todos sitios. Mbonda  podría ser una población hermosa, un centro floreciente y lleno de vida y pujanza, y si dejaran de reuniones y tertulias en el Ibongo dya Roku, y en los bajos de cierta casa.  
  Firma el escrito con fecha 8 de mayo de 1921 el padre Leoncio Fernández que después creo fue obispo y lo conocí personalmente.

MI COMENTARIO

No le tenía muchas simpatía el padre Leoncio a los ebunes, y hubiera deseado una mejor actividad económica en Mbonda para seguramente montar una Misión.

Fernando el Africano   - Algete   20 de febrero 2012


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