lunes, 20 de abril de 2015

SACRIFICIO HUMANO EN EL PUEBLO BUBI




                                                                     
                                                             Balele típico años 40/50

En el pueblo bubi, no se conocen épocas de antropofagia ni tampoco ceremonias de sacrificios humanos, pese a la dureza de algunas leyes, como por ejemplo a las adúlteras cortarles una oreja o a veces a un ladrón cercenarle la mano. Por ello destaca que en sus ceremonias en el ritual del Buala, existe el sacrificio humano, como nos cuenta el padre Martín del Molino en su libro Los Bubis Ritos y creencias.
El buala es una asociación, como un clan familiar exclusivo para hombres, que gozan de manifestaciones de su unión, con danzas, juegos canciones y que les sirve como equipo guerrero para defender su interés en la región.
El lobedde es el objeto característico de la agrupación, y generalmente tiene forma de cayuco, ya que representa el medio en que llegaron a la isla y en cierta manera la forma con que en su origen se ganaban la vida como pescadores. Se han encontrado en excavaciones muchos objetos de estos, que se hacían en principio de barro, posteriormente se empezaron a fabricar en madera.
Cada vez que por fallecimiento u otra causa se cambia el jefe del buala, se procede a la destrucción del lobedde anterior, mediante un acto de lanzarlo a un barraco los portadores del mismo, pero de espaldas al precipicio, como signo de cambio total de ciclo. A continuación se adquiere el nuevo, adornado por diversos objetos, tales como conchas de mar. Esta asociación cultural guerrera trajo en cierta manera una lucha para llegar al poder como jefe de esa asamblea, lo que ellos llamaban boabí.
Consideraban que el sacrificio humano era necesario e imprescindible para dar fuerza al buala.
El día convenido todos los pertenecientes a ese buala, debían reunirse en una plaza escondida en el bosque, en que se había designado como sede “social”. Ese día se prohibía a las mujeres  salir del poblado bajo severas advertencias . Era obligación acudir a todos los miembros pese a saber que uno de ellos sería sacrificado.
Como la mayoría de ceremonias africanas empezaba con una danza, cuyo ritmo aumentaba, supongo, debido al topé (aguardiente bebida) , hasta que de repente uno de los asistentes caía bajo un hachazo en su cuello provocado por el hechicero que dirigía el ceremonial., Al desgraciado  se le dejaba desangrar abandonado para que las hormigas fueran devorando su carne, estas, vigilantes del bosque africano no tardan en percibir el alimento. Con esa sangre se rociaba el cayuco simbólico y al boabí.


A los pocos días se incitaba a un valiente, para que fuera a recoger la calavera al bosque, acto que debía efectuar totalmente a oscuras sin llevar ninguna antorche para iluminar el camino, debía introducirla al poblado por la noche, colgarla de un árbol de la plaza, a fin de que todos pudieran verla, y sentir el poder de su agrupación. La familia del difunto no podía exteriorizar su dolor con lamentos. De nuevo el valiente que la había ido a buscar al bosque, daba una vuelta a la plaza con ella y la colgaba de un árbol designado para ello.

Como se relata, nos indica que la muerte en las tribus africanas, la afrontan con naturalidad y como algo inevitable parta sobrevivir los que quedan.


Fernando García 20 de abril 2015-04-20

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