viernes, 1 de octubre de 2021

LOS BUBIS SUS CREENCIAS

 

Los bubis y sus creencias- capítulo 4º

Siba, la Pascua bubi

Es una fiesta dedicada al morimó que protege al poblado, y al que para que sea bueno influye este y otros homenajes.

El día anterior a la fiesta, apenas el astro rey atravesó los árboles que sombreaban el poblado y permitía ver las casas de nipa, hubo un movimiento importante, en el cual las mujeres iban a sus huertos, a recoger, ñame, malanga, calabazas y picantes para poder condimentar un buen banquete y los hombres salieron con sus armas dispuestos a la caza del antílope, erizos, y algún grounbeef.

Vueltos de sus labores, todo se dirigieron a sus hogares, de tal forma que el poblado parecía desierto.

Solo los ancianos saldrían a la puesta del sol, formando una procesión presidida por el bojiammó, que lucía sus mejores prendas y atavíos con pieles y collares, sin faltar el sombrero muy característico de lucir los personajes importantes de un poblado. En la mano derecha un remo de cayuco símbolo que representaba la llegada a la Isla del pueblo bubi por los mares y procedentes de un mundo exterior, que relataban en sus grandes reuniones. Todos, luciendo sus mejores galas se dirigían a los arcos que señalaban la entrada al poblado, y colocaban signos que indicaban la prohibición de entrada al poblado ese día, y respetaran la tranquilidad y paz, todo ello no se dirigía solo a los vecinos de otros poblados, también a los malos morimós que intentaran frustrar sus deseos de honrar a los buenos. Terminado ese requisito, los ancianos se retiraron y el poblado en silencio.

Cuando amaneció, los ancianos que habían acompañado al bojiammó en la ceremonia de clausura, fueron a buscarlo a su

 Adoratorio o residencia sagrada, llevando según sus posibilidades económicas, dos o tres cabras, como presente a los espíritus tutelares. Tomó el bojiammó los animales y uno a uno, los fue degollando en honor de sus morimós, esparciendo su sangre por suelo, paredes y cabezas de los asistentes. Con la carne de aquellos animales y berenjenas de su huerto, se hizo una comida sagrada con la seriedad y apetito que el caso requería.

Lo malo es que aquellos ancianos, al final de la comida se colaron de sus hombros, las tripas de las cabras sacrificadas, que llevarían todo el tiempo que duraran las fiestas.

Terminada la comida, se celebró una danza religiosa alrededor del oratorio, presidida por el bojiammó.

--M``pó ¡ M´pó – gritaba el brujo para animar a los bailarines. ___Euebijulééé!, respondía el coro dando vueltas y grandes saltos.

Yo soy blanco, me alegro, puedes alegrarte, tu propia sangre te hace blanco. En esos momentos su mente piensa que su espíritu se ha vuelto blanco, y eso lo protege de los males.

Terminado el baile, y como despedida a los mayores, estos fueron rociados con agua bendita en hombros y vientres, a través del motutu o trompetero mayor se convocó una mesa presidencial, en la que estaban todos los botukus y presidía el bojiammó. Uno a uno cada bubi pasó delante de sus jefes recibiendo un ramito de hojas sagradas que el propio bojiammó les colgó del cuello con un hilo de palma y ungidos de arcilla roja en la frente, hombros, estómago, ombligo, muñecas y otras partes del cuerpo, de tal forma que cuando los malos espíritus lo perciben huyen como el demonio de la Cruz, y con ellos, las enfermedades, la pena y el dolor.

Las mujeres además de ese conjuro general, recibieron uno especial, que consistió en un pase de manos sobre el vientre, para que los partos fueran buenos, alegrando a ls mujeres que deseaban tener hijos o esperaban casarse en breve.

 

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