martes, 8 de mayo de 2012

FERNANDO EL AFRICANO- NOVELA- VII








En 1842, España envió la expedición mandada por el capitán de navío don Juan José de Lerena y Barry, siendo recibido en Port Clarence solamente por los krumanes (originarios de la región de Kru, Sierra Leona-Liberia) Kir y Yegüe, informándole de la situación de la isla donde ondeaba la bandera inglesa, estando el poder en manos de la Compañía West Africa, dedicada al comercio en toda esa parte del África ecuatorial. Lerena destituyó a los mandos ingleses, y como se comenta anteriormente, nombró gobernador provisional a un inglés ya que no había un español que echarse al coleto, este fue el famoso explorador del Níger John Beecroft, que se había convertido en una de las personas más influyentes de la zona, teniendo incluso el vapor Etíope de su propiedad anclado en la bahía; seguía compartiendo sus negocios con la exploración, siendo el primero que subió al pico de Santa Isabel, en cuya expedición murieron dos negros de frío según parece, aunque tal vez fuera a causa de una neumonía provocada por las bajas temperaturas; dato curioso si tenemos en cuenta que es el centro del África tropical, aunque algunos nativos afirman que han visto caer agua nieve algunas noches en la zona del pico. Su explicación exacta es que llovía agua de color blanco. Beecroft urbanizó la ciudad le dio un impulso importante, y facilitó que el tráfico marítimo por la zona, pudiera aguar y proveerse de alimentos frescos, sin el peligro que esto representaba en otras zonas de la costa. En realidad fueron los fernandinos quienes impulsaron la urbanización de Santa Isabel. Beecroft en el periodo que abandonaron los ingleses la ciudad y todavía no habían aparecido los españoles permitió que esa población de fernandinos llegados de Nigeria, Sierra Leona y Liberia principalmente, se adjudicaran unos terrenos simétricamente trazados en unas calles rectas, donde construían sus viviendas con una pequeña valla de protección y un jardín o huerta para su uso, se empezó a enjalbegar las pocas casas construidas con ladrillo pero que marcó el signo así como el color de los pueblos coloniales. Este curioso personaje a la par que era el representante de España alternaba el cargo con el de cónsul inglés para la zona de Oil Rivers, ya que al disponer de barco propio le permitía los desplazamientos y el contacto necesario con esas comarcas.


Lerena regresó a España, después de recorrer todos los territorios, y confirmar en los mismos la soberanía española, llevándose a los dos krumanes que le habían recibido, para ser bautizados en la Real Capilla del Palacio de Madrid, con los nombres cristianos de Felipe y Santiago. Eso de nombres cristianos nunca lo he entendido muy bien, ya que si a uno lo bautizan se presume se convierte en cristiano aunque le llamen coca-cola, para eso hay el día de Todos los Santos. De esa forma haríamos a coca-cola figurar en un santoral, que es lo único que le falta.

Esto me hace hacer un paréntesis en mi narración.- Hoy en día que todo el mundo pone a parir al pueblo americano, sus hábitos, costumbres, política y modos. El que te está dando la charla progresista, está tomando coca-cola, zampándose una hamburguesa en Mack Donald, usa pantalones vaqueros fuma Philips Morris o Camel, y así podríamos decir que usa y abusa de los vicios exportados de los malvados USA, que son los romanos de nuestro tiempo, pero de momento no nos echan a los leones aunque el circo de la vida es tan peligroso como las fieras del Coliseo.- Esperemos que igual que el tiempo del dominio romano se esfumó, este dominio actual de Estados Unidos, se diluya como el azúcar en el agua, veremos quienes acceden a la Tribuna del poder y nos obligan, tal vez, a comer con palillos y sustituir la coca- cola por la sopa de serpiente.

Posteriores expediciones y la llegada de los misioneros católicos iniciaron la influencia española, la civilización y especialmente la salubridad de la zona, desecando pantanos, limpiando de maleza toda la zona que rodeaba a la ciudad y otras medidas vitales que se podían tomar en aquellos tiempos.

Una de las mayores expediciones misioneras fue la dirigida por el sacerdote Miguel Martínez Sanz que en 1856 en la goleta Leonor llegó a la Isla con cuarenta miembros religiosos entre sacerdotes religiosas y profesos artesanos como carpinteros, sastres y agricultores, pero llegados a la Isla el primer problema que encontraron fue que no tenían ni vivienda donde pernoctar, gracias al cónsul inglés que les cedió su vivienda pudieron dormir bajo techo. La segunda dificultad que encontraron era comunicarse con la población ya que en aquellos tiempos, hablaban bubi o inglés, con el agravante que el pastor Sauker de la iglesia baptista tenía encandilados a los nativos con sus bautismos en el río Cónsul donde los neófitos eran revestidos de ropas de inmaculada blanco y con cantos y mucho público expectante introducía en las aguas a los nuevos fieles a su iglesia, escenificando el acto a gusto de la concurrencia. Así mismo en su capilla se les ofrecía ágapes y se les animaba al canto coral cosa que el carácter africano agradece, sobre todo si es en su idioma y no en latín que era lo que en algunos casos promocionaba la iglesia católica con sus “tamtum ergo sacramentum”. Pese a ello aquella expedición pudo romper el hielo entre los habitantes de la zona y la prevención contra todo lo español que llegaba al odio pensando que los españoles deseaban llevarse a algunos nativos de la Isla a España para comérselos o esclavizarlos, cuando el verdadero motivo era educarlos para convertirlos en misioneros, con el fin de captar a nuevos fieles gracias a la palabra de sus propios paisanos. Como siempre, el regreso de algunos expedicionarios por enfermedad y la muerte de la mayoría, redujo los cuarenta llegados a un matrimonio compuesto por don Nicolás un maestro catequista y una de las aspirantes a beata.

El 20 de noviembre de 1858, el primer gobernador español en Fernando Poo, el capitán de fragata don Carlos Chacón, realizó un censo de la población de Santa Isabel, en la que constaban 858 habitantes de los cuales, salvo 20, todos eran de religión protestante, no había ningún español, contabilizándose 7 ingleses, 20 portugueses, 67 bubis o naturales de la isla, 209 krumanes, y el resto trabajadores traídos de diversas partes de África, aunque hay que consignar que en la expedición del nuevo gobernador llegó un grupo importante de maestros artesanos para iniciar la presencia de España en sus posesiones, además de que en misión evangélica llegaron los primeros jesuitas y así en el censo de 1859 ya figuran 83 españoles (sólo dos mujeres).